viernes, 15 de julio de 2016
Marea roja
Me acosté sin pensar en otra cosa que dormirme abrazado a ella. Aún después de los primeros besos mientras estábamos entrelazados no pensaba en sexo... bueno, excepto mi pene, que normalmente tiene vida propia. No sé si ella se percató del cambio de tamaño o es que ya iba con la idea de lo que iba a ocurrir, pero aunque le dije que parara por haber bandera roja, ella insistió en jugar.
No era la primera vez que no importaba que hubiera marea roja, pero sí era la primera vez (por lo menos que yo recuerde), que iba a ser yo el único protagonista esa noche.
Sus besos se fueron deslizando desde mi boca hasta mi erecto amigo, pasando por el cuello, el pecho, la barriga... Y allí se entretuvo con esmero y paciencia, creo que disfrutando tanto como lo estaba haciendo yo. Volví a hacer un intento de hacer que ella sintiera las caricias de mis dedos, pero no dejó que tocara su centro del placer, ese que tanto me gusta acariciar y que seguro que debía estar mojado de una mezcla de líquidos. Después de prohibirme el acceso continuó con su jugueteo hasta que ya no pude más, explotando de placer al ritmo de sus gemidos.
Y volvimos a abrazarnos hasta quedarnos dormidos. Sólo podía pensar en que debí ser muy bueno en mi anterior vida y que ella era mi recompensa.
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